Las casas

La arquitectura moderna venera  el rigor y el futuro, construyendo un paisaje  mental donde el ornamento es como un delito contra la eficacia y el progreso.
El ornamento desempeña entonces un papel no muy distinto al de la hipocresía, el  protocolo diplomático, la urbanidad, la cautela en el trato social o  la cosmética .
Esta es una serie de casas de mi barrio, casas vecinas y entre medianeras: casas en la ciudad de Buenos Aires.
Sus fachadas transitan un camino no exento de riesgos delictivos contra el buen gusto, violando las normas de la anorexia estilística. Son a mi criterio una ruta de liberación sensorial y misterio que permite circular desde la inteligencia a la emoción, desde el orden abstracto a la  fascinación figurativa.
Se puede decir que sus  ornamentos y diversidad de materiales son un accesorio innecesario, pero en la economía libidinal nada es más necesario que lo superfluo.
Se puede decir que el ornamento es efímero y habría que  admitirlo; pero en la historia de la percepción nada es más duradero que los motivos  fugitivos.
Se podra agregar también que  los ornamentos  son  superficiales y de nuevo estaríamos en lo cierto, pero en la geografía de la seducción nada es  más profundo que la piel.
Es mi intención con esta serie, tratar de entender un poco a sus hacedores.
Estos autodidactas e intuitivos arquitectos ¿anteponen el placer emocional al racional?
¿Serán ellos los verdaderos culpables de estos delirantes y barrocos frentes?
Sea cual fuere la respuesta, estas casas  abundan en mi barrio,  aportándonos  un toque  de exageración y fantasía, un poco de ternura , humor, y con la “dignidad” como denominador común.